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Las leyendas de la Yerba Mate

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Por Rael
No por nada es casi imposible encontrar a un argentino al que no le guste el mate.

Son muchas leyendas que los aborígenes guaraníes cuentan sobre el origen de la planta de yerba mate.

La más conocida: Yarí, la diosa Luna, paseaba por la selva cuando un yaguareté la atacó, pero un cazador mató al animal justo a tiempo. Como agradecimiento, Yarí le dejó una planta nueva creciendo junto a su casa.

Otra cuenta acerca de un anciano que ya no puede seguir los pasos de su tribu nómade y su hija permanece junto a él y dedica su vida a cuidarlo y protegerlo. Tupá (dios supremo de los guaraníes) premió el cariño de la sacrificada muchacha creando y haciendo brotar la planta de yerba para reconfortarla.

También está la historia de Tupú, un genio del bien que con forma humana llegó hasta lo de un anciano muy pobre, que lo albergó y alimentó a pesar de sus carencias. Agradecido, el genio le regaló esta planta.

La misma que le dejó la diosa Sumá a Maté, un intrépido guerrero, como premio a su valor para defender a su pueblo.

Esta es triste: Ka’a era una bella joven, a cuya aldea llegó un avaré (sacerdote guaraní). Ella se enamoró e intentó seducirlo, pero el avaré la mata, aterrorizado por la tentación que amenazaba a su ascetismo. Años después, viejo y arrepentido, vuelve al lugar y ve que una planta desconocida creció en donde murió la joven. Come de sus hojas y siente como su cuerpo y su alma se renuevan.

Cuando los jesuitas llegan a América tratan de que los aborígenes tomen el mate como un té: veían algo satánico en eso de andar chupando una bombilla. No logran modificar la costumbre, pero dejan rastros de la influencia cristiana que se ven en otras leyendas.

Una cuenta que Santo Tomás dejó la planta premiando la vida sacrificada de los guaraníes. En realidad este pueblo atribuía el regalo al dios Pai Zumé, a quien describen de piel blanca y barba por lo que los jesuitas interpretan que se trata del santo filósofo.

Otra leyenda con sello católico: San Pedro y San Pablo pasean por la tierra y son albergados por un anciano y su hija que vivían en absoluta pobreza, pero dedican toda su atención a los desconocidos. A pedido de los santos, Dios premia la acción convirtiendo a su hija en la planta de yerba para que conserve su bondad y pureza y dé fuerza y bienestar a los hombres con sus hojas. Premio raro, pero bueno…

No por nada es casi imposible encontrar a un argentino al que no le guste el mate. También es casi imposible encontrar una leyenda sobre su origen en la que la yerba no sea un premio, una muestra de gratitud. No por nada.

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