El Yastay: el guardián del norte

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Por Gabriel Katz

No quedan dudas, el Yastay es un genio.

Anda suelto por el noroeste argentino deambulando fluidamente entre valles y cerros y atravesando la puna con una noble misión: proteger a las aves y a otros animales, sobre todo a las vicuñas y guanacos.

Algunas veces aparece transformado en animal y otras disfrazado de persona. Los que lo vieron dicen que es como un hombre viejito de barba larga y cuernos similares a los de un carnero. Y cuando aparece convertido en animal, no es uno más de la manada, será uno que se diferencia del resto. A mirar bien.

Amante de las ofrendas, que hay que dejárselas entre piedras para que las encuentre. Acepta los pactos y los respeta si uno no los da a conocer. Por eso es bueno saber que a la hora de comer, el Yastay prefiere el cocho hecho con harina de quintitaco que nos es ni más ni menos que harina de maíz tostado con algarroba dulce.  A cambio, quien lo invoque tendrá una buena cacería y no se apunará.

También lo llaman Llastay o Llajtay.

No quedan dudas, el Yastay es un sabio.

Cuida a los cazadores pobres que cazan para alimentarse. Castiga a los que lo hacen sin necesitarlo. Hace pagar caro el despilfarro de los dones que la Pachamama nos da.

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