La historia de Bairoletto

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Por Rael

¡No te hagás el muerto! – gritó uno de los policías. Y empezaron a disparle al cuerpo que ya era un cadáver: se había suicidado para no caer en manos de la ley.

Más que alegría por la preciada presa, los policías sentían evaporarse el sudor frío del miedo que los envolvió durante el tiroteo. Sabían bien a quién habían ido a buscar: era Juan Bautista Bairoletto.

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Insolente, carismático y escurridizo, con cada robo agigantaba su leyenda y la admiración del pueblo. Para colmo simpatizaba con el anarquismo. Demasiada provocación para el poder de entonces. Nació en Santa Fe, pero sus golpes más célebres fueron en La Pampa. Robaba a los poderosos, a los bancos. Vengaba a sus amigos y a los que sufrían injusticias. Repartía el botín. Después desaparecía. Era un fantasma para la policía. Un héroe para los humildes. El Robin Hood de las Pampas. Por eso aún hoy se lo recuerda y venera como a un santo. Y hay libros, canciones, obras de teatro y película sobre su mítica figura.

La gente lo protegía, lo alimentaba y escondía, pero su fuga constante lo lleva a vivir a San Pedro del Atuel, en el sur de Mendoza, con su esposa y sus dos hijas. En 1941, lo emboscaron cerca de 20 policías gracias a una delación. Y al cabo de una balacera infernal, ni siquiera pudieron matarlo. Porque lo que pasó esa madrugada fue un nacimiento. El del mito. Lejos de los bosques de Sherwood. Y sin final feliz.

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Comentario
  • Jorge Musikman

    BAIROLETTO … NO MURIÓ !!!

    En La Pampa ha sucedido
    -en los pagos de Castex-
    lo que aquí les contaré
    ha llegado a mis oídos;
    preparen bien los sentidos
    poniendo mucha atención,
    porque es buena la ocasión
    de recordar esta historia
    que palpita en la memoria
    de gauchos de corazón.

    Bairoletto se llamaba,
    Juan Bautista el hombre aquel;
    pretendía a la mujer
    que un milico regenteaba;
    era Dora la asediada
    y Farache el gigoló
    que muy pronto reaccionó
    de manera solapada
    y con una canallada
    la osadía castigó.

    Le buscaron el costado
    para poderlo arrestar;
    dijeron que el animal
    que montaba era robado;
    de esta forma fue engrillado
    y para colmo de mal
    lo hicieron arrodillar
    y con saña verdadera
    lo montaron con espuelas
    como domando un bagual.

    Finalmente lo soltaron
    pues dijeron: “ya aprendió”
    pero Bautista juró
    vengarse de aquel villano;
    es por eso que iba armado
    buscando al torturador
    y el día que lo encontró
    -sin que le tiemble la mano-
    con un certero disparo
    a Farache ajustició.

    Desde entonces fue su vida
    constantemente escapar;
    para poderlo apresar
    mandaron varias partidas,
    pero el bayo que tenía
    salvaba la situación
    muy veloz en la ocasión
    o saltando el alambrado,
    que los dejaba parados
    boquiabiertos de estupor.

    Y otras cosas han pasado
    -no sé si ciertas o no-
    porque dicen que ayudó
    a varios necesitados;
    por lo bajo se ha escuchado
    que era de buen corazón
    y que por esta razón
    ganaba muchos amigos
    que lo habrían escondido
    en más de alguna ocasión.

    Y también se ha mencionado
    a una viuda que salvó
    porque su campo quedó
    por la usura hipotecado;
    la forma en que lo ha logrado
    es cosa de no creer,
    sólo puede suceder
    en mentes muy afiebradas
    con la vida ya jugada
    y nada para perder.

    Fue a buscar a un hacendado
    que le debía un favor
    y el dinero salvador
    casi le exige prestado;
    le juró por lo adeudado
    que nunca le iba a fallar;
    que tenía que confiar,
    que él sabía lo que hacía
    y que nadie olvidaría
    esta jugada genial.

    Llevó a la viuda el dinero
    que debería saldar
    y se dispuso a esperar
    que llegara el usurero;
    la dejó pagar primero
    y cuando el hombre salió
    Juan Bautista lo asaltó,
    recuperó lo prestado,
    lo devolvió al hacendado
    y el asunto se acabó.

    Y así se fueron sumando
    historias para contar
    que se pueden encontrar
    simplemente preguntando;
    pero, para ir terminando
    -pues no los quiero cansar-
    iré directo al final,
    en los pagos de Mendoza,
    donde vivió con su esposa
    en General Alvear.

    Bautista tenía un amigo
    llamado “El Ñato Gascón”;
    delincuente de ocasión
    que se hallaba detenido;
    dicen que hubo un ofrecido
    para gestar la traición:
    sacarlo de la prisión
    para obtener ese dato
    y así fue como este “Ñato”
    se convirtió en un soplón.

    Desde La Pampa a Mendoza
    la partida cabalgó
    y cuando el rancho rodeó
    él dormía con su esposa;
    ahí entendió que la cosa
    nomás, terminaba allí
    y se dispuso a morir
    antes de ser detenido
    y así terminó el bandido
    su complicado existir.

    Yo no sé si lo mataron
    o acaso se suicidó;
    poco importa, créanlo
    -pero la foto sacaron-
    en Alvear lo enterraron
    y en cuanto al “Ñato Gascón”
    su existencia terminó
    ferozmente acuchillado,
    porque nunca es perdonado
    el que oficia de soplón.

    A partir de ese momento
    la leyenda comenzó;
    alguien dijo que lo vio;
    que tuvo un presentimiento;
    que galopaba en el viento
    rumbo al monte para huir
    y que lo quiso seguir
    pero nunca lo alcanzaba
    porque el caballo volaba
    y así lo pudo sentir.

    Esta historia que he contado
    que con sangre se escribió,
    con sangre se terminó
    y en un final anunciado,
    en leyenda transformado
    Bairoletto … no murió!

    JORGE MUSIKMAN

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