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Una historia de amor: el hornero

Es el Pájaro Nacional de Argentina. Asombroso constructor de hermosos nidos, hacen todo de a dos porque, según la leyenda, se juraron amor eterno.

Por Rael

La historia cuenta que se enamoraron. Que ella y él son talentosos alfareros. Y que se juraron no separarse nunca.

Y cuenta que la noche previa a la boda se reunieron, como era costumbre, los padres de los novios con el cacique y el hechicero para bendecir la unión de la pareja en torno a una hoguera. Y que una ráfaga de viento apagó el fuego y desparramó cenizas sobre los presentes. Y que para el hechicero fue un augurio de enormes desgracias que caerían sobre la tribu si aquella unión se celebraba. Y que el cacique prohibió la boda.

Que los enamorados, para cumplir su juramento de no separarse, huyeron al monte durante la noche. Y que el hechicero mandó a perseguirlos y matarlos. Y que cuando los cuerpos de la pareja cayeron al suelo atravesados por las flechas, un remolino de pájaros los rodeó, para luego irse y dejar solas a dos aves parduzcas.

Y que es por aquel juramento que el hornero mantiene la misma pareja toda la vida.

Y porque heredaron el talento de aquellos alfareros enamorados, construyen maravillosos y sólidos nidos de barro, con una entrada que esconde una recámara en la que ponen y empollan sus huevos. Y el amor de aquella pareja perdura en hacerlo todo de a dos.

Y porque no olvidan quiénes fueron viven cerca de los humanos, anidando en sus postes, molinos, monumentos, sobre sus casas o en los árboles.

Que se llaman horneros por la forma de horno de sus nidos. Aún en los lugares de sudamérica (donde habitan en casi toda su extensión) donde reciben otros nombres, esa denominación remite siempre a su obra: casero, albañil, tiluchi (habilidoso en lengua camba), chilalo (de chila, que significa duro en quichua),  joão-de-barro o alonsito (por Alonso García, el hombre que construyó un rancho de barro imitando al nido del hornero).

Cuenta la historia que un nido abandonado es una porción de barro sanador. Porque tiene el talento de los alfareros enamorados. Y la fuerza de aquel juramento.

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