El incomparable Campo de Piedra Pómez de Catamarca

Esta es una zona con mucha historia, pobladores nativos de distintas etnias, varias guerras calchaquíes, masacres, la llegada de los Incas que incorporaron la zona a su imperio, la conquista española…Mucha historia. Pero quiero contarles de otra cosa aún más antigua, de unos cientos de miles de años, más o menos.

Llegué de noche a Belén, y me recibió de una manera mágica, con un festival de Folclore en la plaza principal, denominado Belén al Mundo, con grandes músicos de todo el país en el escenario, lleno de gente sentada en las mesas, en el piso, en los alrededores de la plaza, muchos adultos y chicos, todos bailando folclore. Un espectáculo único. Me fui a dormir con una sonrisa enorme.

Al otro día, me encontré con Silvio para coordinar la excursión al increíble y único en el mundo Campo de Piedra Pómez.  Por la noche era el famoso “eclipse de luna roja”, y como la ciudad está rodeada de cerros, aproveché para subir al gran Monumento a Nuestra Señora de Belén, una escultura de 15 metros en uno de los miradores. El eclipse rojo comenzaba, la luna, la tierra y el sol se alinearon y fue realmente un momento hermoso en un lugar mágico. Me podría haber quedado toda la noche ahí, pero había que levantarse temprano.

A las 7 en punto la 4×4 estaba en la puerta, era un día soleado hermoso, comenzamos a transitar por la Ruta 40 bordeando el Río Belén. Pasamos por varios pueblos hermosos como Puerta de Corral Quemado, Villa Vil, pero nos detenemos en Barranca Larga para comprar provisiones, recargar el agua para el mate y seguir camino.

Unos kilómetros más adelante nos adentramos en la hermosa Cuesta de Randolfo, donde la ruta se transforma en arena, hasta que un poco más adelante aparecen los Médanos de Randolfo en medio de las montañas. Hicimos una parada para disfrutarlos subiéndolos descalzos. Como es costumbre, dejamos una ofrenda de hojas de coca en la apacheta donde se venera a la Difunta Correa que indica en cierta forma el punto de ingreso a la mágica Puna catamarqueña.

Seguimos viaje, y el paisaje es cada vez más alucinante, de esos que no sabés para donde mirar porque todo es hermoso. Por momentos hay que frenar en medio del camino para dejar cruzar a las vicuñas que están por todos lados y pareciera que posan para las fotos.

Estamos en el departamento de Antofagasta de la Sierra, paramos en El Peñón, pequeño y mágico poblado con sus casas de adobe típicas de la región, muy arbolado a pesar de estar inmerso en un paisaje desértico (lo que le da un aspecto único). Está  en un lugar estratégico para diferentes excursiones.

Siguiendo  por huellas marcadas por las 4×4, por un increíble paisaje de colores claros, blancos y grises, y en medio de eso una de montaña completamente negra. Silvio me cuenta que es el volcán Carachi Pampa, rodeado de un salar y una laguna que también llevan su nombre.

Cuando llegamos al pie del mismo, quedé simplemente hipnotizado. Caminar sobre lava petrificada, roca volcánica de millones de años no es cosa de todos los días. La zona está plagada de volcanes.

A lo lejos, se ve un mar blanco y un cartel solitario nos da la bienvenida a nuestro destino: el Campo de Piedra Pómez.

Un día soleado, marco perfecto para este increíble entorno, bajamos de la camioneta y es como aterrizar en otro planeta, como estar en otra dimensión, pasos lentos sobre la arena volcánica, este océano de rocas blancas, rosadas, rojizas, grises, hacen de éste un lugar único en el mundo.

Estamos a unos 3.050msnm, y a cientos de miles de años de la erupción del Volcán Blanco y otras varias actividades volcánicas que formaron este campo de 26×5 kilómetros de Piedra Pómez, una piedra muy usada por los pobladores de la región.

Increíbles formaciones talladas por el viento a lo largo de siglos, un monumento natural con una belleza paisajística extrema e inigualable, que llevó a que en 2011 se lo declare Área Natural Protegida.

Subimos a varias formaciones, para ver la panorámica del campo, mientras Silvio nos cuenta cómo fue el proceso geológico y dónde estamos parados. Lo recorrimos por todos lados: por abajo, por arriba, por los costados, hasta perdernos de vista entre nosotros ya que es realmente un laberinto.

Me podría quedar todo el día, pero el sol está pegando fuerte, y el hambre se está haciendo sentir. Emprendemos vuelta hacia El Peñón donde nos esperan con el almuerzo listo en el comedor. Mi menú: sopa con estofado de cabrito, simplemente un manjar.

Después del delicioso almuerzo, emprendemos la vuelta hacia Belén. Empiezo a armar el mate y Silvio dice: ¿le ponemos unos yuyos? Frena la camioneta y bajamos.

Con las vicuñas mirándonos desde el otro lado de la ruta, nos cuenta sobre algunas plantas que crecen sólo a estas alturas en esta zona, arbustos pequeños de unos 50cm, en este caso la rica-rica de muchas propiedades (se usa para problemas del corazón, riñones y circulación entre otros) y es muy aromática. Volvemos a la camioneta y arrancamos el mate con este yuyo.

Paramos en el pueblo de Villa Vil, donde entramos al centro artesanal a conocer un poco sobre el pueblo cuya principal actividad es la ganadera, de la cual se obtienen cueros y lanas que se exhiben ahí mismo, junto con distintos productos artesanales.

Compré algunas cositas para comer en el viaje. Y llegamos a Belén a eso de las 6 de la tarde, después de casi 12 horas de esta excursión imperdible para quien quiera vivir una experiencia en un lugar único en el mundo. Y está en nuestro país. Sin dudas hay que venir a conocer Catamarca y no perderse este lugar.

  > Nota y fotos: Javier Lubenfeld

 

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