Desafiando al no tan manso Río Manso

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Texto: Sol Lipcin / Fotos: Sol y Extremo Sur

El paisaje de Bariloche en octubre es particular. Aunque ya pasó el invierno todavía quedanpicos nevados que le dan un toque especial a la vista y se mezclan con los colores de las flores de la primavera que ya asoma con fuerza.

Conocíamos la ciudad de viajes anteriores, pero volvimos al Punto Panorámico, la vuelta alCircuito Chico y, para meter un poco el cuerpo, subimos a pie el Cerro Campanario. No fue difícil, pero ¡nos dejó con la lengua afuera! Continuamos la tarde descansando en la playa Serena, del Lago Nahuel Huapi. Al otro día nos esperaba algo que no habíamos hecho antes:¡rafting en el Río Manso!

Nos pasaron a buscar temprano en una camioneta con otras 8 personas que habían elegido inaugurar la temporada junto con nosotros. El camino hacia el camping La Pasarela no tiene desperdicio: campos con animales de montaña, subidas y bajadas, lagos y casas alejadas.

Luego de un rico desayunorecibimos un traje de neoprenezapatos para el aguacampera impermeablechaleco salvavidas y casco. Los guías Martín, Esteban y Mariano fueron muy claros con las instrucciones de seguridad y, una vez en el agua, nos enseñaron los diferentes comandos para remar y cómo comportarnos en caso de que algo no saliera como esperábamos.

Al principio la tranquilidad del río me transmitía paz, sumado al hermoso paisaje del entorno. Aunque su nombre no lo indica, el río tiene dificultad entre 3 y 4 (¡en un rango de 5!), lo que lo hace desafiante pero posible de navegar. Así que al rato, el Manso deja de ser manso.

La balsa comenzó a agitarse y se vienieron los rápidos con nombres como Gritá y doblá a la izquierda, Garganta Profunda, el Tobogancito, Agujero de Ozono, Éxtasis, Huevo Revuelto… como para que se den una idea.

Caerme de la balsa a poco de empezar me ayudó a terminar de perder el miedo. Al principio me asusté, el agua estaba revuelta, trate de agarrarme de la balsa pero una ola me soltó y en pocos segundos la corriente me llevo lejos. Me tranquilizó que en seguida el equipo se activo para traerme de vuelta. Esteban en el Kayak, que nos seguía por seguridad, se acercó y me pude agarrar de una soga que me arrastró devuelta hasta la balsa, y tuve que acomodarme rápido en mi lugar para seguir remando porque ¡venía otro rápido!

Entre cañones, curvas y olas fuimos bajando con una mezcla de adrenalina, libertad, e incredulidad ante ese paisaje de bosque virgen y agua cristalina casi color turquesa. Un poco fría, pero con el traje se aguantaba, así que cuando llegó el momento de poder tirase, no dudamos en saltar y nadar una rato río abajo.

Al rato llegamos al límite con Chile. Subimos a pie hasta donde se encuentra el hito fronterizo, donde Hugo nos esperaba con la camioneta para llevarnos a disfrutar del almuerzo. Mientras recuperábamos energías, compartimos un muy buen momento. Es loco pero después de una experiencia donde funcionamos como equipo, parecíamos más unidos.

Los que planeen vacaciones en Bariloche entre los meses de septiembre y abril, no duden en animarse a probar esta experiencia en el Río Manso, que es único y cambiante. En un próximo viaje, creo que la repetiría!

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