Mimos para el cuerpo y para el alma en las Termas de Cacheuta

Nota y fotos: Darío Dress

Habíamos escuchado nombrar el lugar cientos de veces . Y como estábamos en la Ciudad de Mendoza y queda cerquita, se nos hizo bastante fácil tomar la decisión de ir a conocer y disfrutar de las Termas de Cacheuta.

Mendoza es conocida como la tierra del sol y del buen vino, y aún en los días de invierno, que suelen ser muy fríos por las mañanas y por las noches, durante el mediodía y hasta la tardecita hay sol casi de verano ideal para salir a pasear y ese día no fue la excepción.

Yendo de camino por la ruta empezamos a vislumbrar la zona montañosa que le da un encanto especial al viaje y de esa manera nos íbamos metiendo en el corazón de Cacheuta.

Llegamos y nos recibieron muy amablemente, nos mostraron todas las instalaciones y la verdad es que fue amor a primera vista ¡un lugar mágico! rodeado de naturaleza. Ya nos sentíamos mejor.

Dejamos nuestras pertenencias y lo primero que nos preguntaron fue: “¿chicos están listos para la sesión de masajes?” ¡Qué felicidad! Estábamos con una sonrisa de oreja a oreja, 30 minutos de masajes de relajación y descontracturantes, fue la entrada en calor de todo lo que iba a venir.

spa termas de cacheuta mendozaYa con la cabeza y los músculos libres de cualquier preocupación y tensión, fuimos directo a las piletas de aguas termales. Nos sugirieron que empezáramos por las de más alta temperatura y al primer chapuzón ya nos queríamos quedar a vivir ahí ¡Qué placer!. Luego ya más sueltos íbamos de pileta en pileta probando todas las temperaturas hasta que encontramos una ideal y con una vista maravillosa y ahí nos quedamos un buen rato.

La combinación del relax más puro con la naturaleza, con ese paisaje, es realmente una fórmula difícil de superar. Estábamos cómo y dónde queríamos.

Llegado el mediodía nos avisan que podíamos ingresar a la zona del restaurante y cuando entramos la sensación de felicidad fue muy similar a la de cuando nos recibieron con masajes. Había infinidad de fuentes llenas de comida bien variada. Y lo mejor de todo es que el asado era el rey del almuerzo, no faltó ningún corte para saborear.

Con la panza llena volvimos a la zona de las piletas y había llegado la hora de la fangoterapia: cubrimos por completo nuestros cuerpos con un barro dispuesto en una especia de piletón. Y además de las propiedades naturales, también nos aportó un momento muy divertido que seguía contribuyendo a la distensión y el relax. Y así , completamente embarrados nos quedamos quietos y sentados para una mejor digestión y, por supuesto, mientras embellecíamos nuestra piel. Al rato, con el barro seco nos sentíamos momias, atrapados en una cáscara. Una buena ducha nos ayudó a recuperar nuestra piel.

Para completar nos dimos el gusto de nadar en una enorme pileta climatizada rodeados de un paisaje increíble, con el sol mendocino a pleno y disfrutando de un casi puro silencio, sólo interrumpido por el canto de los pajaritos.

Vivimos un día soñado. Vinimos buscando relax con la necesidad de sacarnos la rutina de los músculos y casi que salimos levitando. Fue una gran experiencia que estoy seguro que algún día nuestros cuerpos pedirán repetir. Y les vamos a dar el gusto.

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